Charly García: más cuerdo que nunca
Rescate de una entrevista publicada en la Revista Pelo 230, de noviembre de 1984.
Hace pocos días se editó “Piano Bar”, el último disco de Charly García El álbum es un trabajo crudo y caliente que refleja el actual estado del tecladista y que ratifica sus excepcionales dotes de compositor y productor. En la nota que sigue, Charly comenta “Piano Bar” y analiza con optimismo el panorama musical argentino.
Tiene una botella de agua tónica a costado y un Marlboro en la mano. De su cintura cuelga un walkman último cassette de Prince. Lo están esperando Mercedes Sosa y Milton Nascimento para ensayar pero no tiene demasiada apuro. Todas las miradas del bar lo tienen como centro y eso es entendible. Pero a Charly no le preocupa. Pide un whisky “para calentar la garganta”, habla, se mueve, gesticula. se ríe. Está de buen humor y tiene ganas de hablar. Por eso no hace falta preguntar mucho. El ’84 fue un año sumamente peculiar para él y, con las fiestas retumbando en el fin de año porteño, la oportunidad se presenta ideal para hacer un balance a fondo.
DEMOLIENDO HOTELES
Leyendo con atención las letras de tu último disco se hace evidente que “Piano Bar” es muy especial para vos, ¿no es cierto?
Es un disco que tiene mucha carga. Quise decir muchas cosas. Creo que es una catársis de un montón de factores.Quizas se remonta a mis comienzos. Es una síntesis de un montón de cosas: cuando empecé a tocar el piano clásico, Sui Generis, todo… También tiene que ver mucho con lo de New York; con el haber venido con “Clics modernos” y haber sido tan rechazado. Tuve que luchar contra mentalidades muy cuadradas que decían que me había vendido a los yankis y que hacía música “chinguichingui”. Y de alguna manera me rompieron la paciencia. Estaba enojado: me suspendieron una gira por la mitad por ridiculeces, los juicios, todo eso. No importa lo que hagas, si sos un poco diferente vas a molestar mucho. De alguna manera, este disco es un poco para decirles “okey, loco, no soy el buenito: bánquenme porque no pienso irme de acá ni voy a dejar mi lugar a otro, y no tengo vergüenza de tocar rockanroll… Me gusta como salió el disco. Es bien directo. No hay mucha metáfora.
Además, basás la mayoría de las letras en tus propias vivencias y no en cosas que ves o que imaginás.
Si, si. El disco es muy autobiográfico.
Las letras son muy crudas…
Totalmente. Son crudas y angustiantes. Pero si vos vivís un momento angustiante, lo llevas al vinilo y sigue siendo angustiante, creo que estás demostrando una virtud. Yo pienso que uno de los defectos del rock de acá es que se suaviza demasiado todo. Salvo, obviamente, los que se suponen que son heavys y tienen que tocar ese estilo. A veces pienso que es un gran defecto inclusive mío arreglar todo demasiado. Es un problema ‘piazzollístico’: querés mostrar que tocás bien o que sabés hacer arreglos, y ponés demasiadas cosas, perdiendo el feeling de la canción.
Te traiciona el ego…
Claro, en este disco, por ejemplo, no hay arreglos. Lo único que hicimos fue plantear con Willy y Alfredo qué tipo de base convenía. Los solos están porque mientras grabábamos, Pablo peló y quedó perfecto. Pero no tenía pensado meter solos. Pablo se ganó el lugar. El disco está grabado íntegramente en vivo. Tocamos todos juntos, cantamos todos a la vez. No hay tomas 2, son todas tomas 1. Se grabó en tres días. Entramos al estudio y a la media hora ya tenia grabado “Demoliendo hoteles”. Por suerte, tanto los músicos como los técnicos se dieron cuenta que era todo muy al mango y que no tenía sentido poner mucho adorno porque ya estaba todo en la música.
El ’84 fue un año muy particular para vos porque tuvo de todo: éxito, rechazo, peleas, viajes, juicios.. .
Sí, es cierto: hubo de todo. Empecé el año con el final de la gira de “Clics modernos” y con el recuerdo de las presentaciones en el Luna, que para mí fueron impresionantes. Yo no tengo nada en contra del interior, pero en Buenos Aires es realmente donde me entienden. En la gira presentación tuve muchos problemas porque me decían que me había vendido a los Estados Unidos porque el disco lo grabe allá. ¿Y Gardel, loco? De que me están hablando? No es cuestión de venderse, es cuestión de progresar. Acá hay gente que tiene el rollo ese de que todo lo yanqui es malo. La gira fue muy pesada: por momentos me sentía una especie de Alien. Fue como que no podía ser Charly y ser el mismo de siempre. Eso me rayó mucho. Lo que rescato de esa gira es la banda. Todos pusimos mucha polenta para convencer a la gente de que lo que estaba viendo era argentino y que estaba todo en orden. Simplemente, nos dábamos el lujo -o la libertad, porque se supone que el rock es libre- de ponernos alguna ropita e innovar un poco. Tratamos de hacer algo moderno. Después de esa gira vino lo de España, que fue algo increíble. Téngannos envidia a todos los que estuvimos en Ibiza porque realmente es un lugar alucinante. Yo no sé si los discos salieron bien, pero la pasamos de primera… Es un estudio muy loco. Haber participado de la experiencia de G.I.T. me gustó mucho. Trabajé mucho en ese disco y realmente me encanta, aunque pienso que el segundo longplay va a ser muy superior porque ya encontraron su identidad. En Barcelona también la pasamos bien. Yo me jugué a no tocar de telonero de nadie. Me venían a hablar del rock español y de que estaba muy adelantado y yo les decía “loco, ¿qué les pasa? Okey, ellos graban bien, pero no tienen un Spinetta, ¿entendés? En vez de tocar con el treinta por ciento de sonido abriendo para Eric Burdon o Jethro Tull que los respeto mucho preferí no tocar. Basta de ser teloneros. Me parece que si yo tengo un lugar en mí pais. lo menos que puedo hacer es defenderlo. No tengo por qué abrir para nadie. Yo quise tocar en el mejor lugar, con un sonido que les rompiera la cabeza y las mejores luces del mundo. Y funcionó. Si bien a nivel negocio no fue brillante, los frutos que voy a recoger en el ’85 sí lo van a ser. Las críticas fueron excelentes y al día siguiente de tocar yo era el rey de Barcelona. Cuando volví de España me fui a Brasil y en veinte días compuse todo el material del álbum. Después vine, grabé el disco y me fui a mezclarlo a New York. Allá se suponía que no iba a cambiar nada, pero la gente del estudio me convenció de que tenía que jugarme un poco y pulí bien todo el material. Así fue como terminó siendo un disco internacional con onda argentina. Y me gusta mucho. Este año me pasaron muchas cosas. Ahora lo único que quiero es quedarme un tiempo acá. No quiero ir a la playa ni nada de eso.